Bogotá. El sector automotor colombiano cerró 2025 con cifras históricas en la transición hacia la movilidad sostenible. De acuerdo con datos de FENALCO y la ANDI, el país registró la matrícula de 19.724 vehículos eléctricos, lo que representa un crecimiento del 115 % frente al año anterior.
A esta cifra se suman 67.899 vehículos híbridos, consolidando el avance más acelerado hacia tecnologías de bajas emisiones en Colombia. Sin embargo, el crecimiento del parque automotor electrificado ha puesto en evidencia un desafío clave: la infraestructura de carga no ha evolucionado al mismo ritmo.
Más allá del número de puntos de carga disponibles, el reto radica en la capacidad de la red eléctrica para soportar la demanda simultánea. La conexión masiva de vehículos en espacios como edificios residenciales, centros comerciales o zonas corporativas podría generar sobrecargas en transformadores locales, provocando interrupciones que afectarían a todos los usuarios del circuito.
A diferencia de los sistemas de transporte masivo o flotas empresariales, que operan bajo esquemas de carga centralizada y horarios definidos, los usuarios particulares conectan sus vehículos en distintos lugares y momentos del día. Esta dinámica dispersa incrementa la complejidad en la gestión de la demanda energética y exige una planificación más robusta por parte de la infraestructura eléctrica urbana.
- Advertising -"El récord de matrículas confirma que el mercado ya dio el salto. Ahora la responsabilidad recae sobre la infraestructura", señala Vicente Lanza, CEO y cofundador de Ergenia, compañía especializada en soluciones de carga inteligente. "No se trata de instalar más puntos de conexión, sino de garantizar que la red pueda sostenerlos sin convertirse en un cuello de botella".
El impacto ambiental de esta transición también depende de la eficiencia de dicha infraestructura. Según estimaciones de la compañía, cada estación de carga inteligente puede reducir más de 20 toneladas de emisiones de CO₂ al año. Esta reducción, multiplicada por el creciente número de vehículos eléctricos en circulación, comienza a representar un aporte significativo a los objetivos de descarbonización del país.
Con cerca de 88.000 vehículos de bajas emisiones incorporados en un solo año, el debate sobre la movilidad eléctrica en Colombia trasciende lo tecnológico y se instala en el ámbito urbano. La discusión ya no se centra únicamente en la adopción de estos vehículos, sino en la capacidad de las ciudades para integrar y sostener esta transformación.

