México. La próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se perfila como un punto clave para la industria automotriz y de autopartes, al abrir oportunidades de fortalecimiento regional, pero también importantes desafíos en materia de integración productiva y competitividad.
Especialistas del sector coinciden en que el enfoque de la discusión ha evolucionado más allá de las autopartes tradicionales, para centrarse en componentes estratégicos de alto valor como baterías, electrónica y software automotriz. En este contexto, la capacidad de México para incrementar rápidamente el contenido regional en estos segmentos será determinante para mantener su liderazgo en la nueva era de la movilidad, marcada por la transición hacia la electromovilidad.
Uno de los principales retos identificados es la necesidad de actualizar los criterios de reglas de origen, especialmente en tecnologías emergentes. La falta de desarrollo suficiente en áreas como semiconductores y electrónica avanzada mantiene una alta dependencia de proveedores asiáticos, lo que podría limitar la competitividad regional si no se atiende en el mediano plazo.
En paralelo, las recientes medidas arancelarias aplicadas a importaciones provenientes de Asia han comenzado a modificar la dinámica de proveeduría en la industria. Más que un cambio en los volúmenes de compra, se observa una reorientación hacia proveedores nacionales, impulsando el fortalecimiento de la cadena de suministro local. De hecho, durante el primer trimestre del año se reportó un incremento cercano al 18% en la proveeduría dentro de México.
Aunque la industria nacional ha demostrado capacidad para escalar y responder a la demanda, persisten rezagos en ciertos insumos, particularmente en materias primas y plásticos especializados. No obstante, el sector considera que estos segmentos pueden desarrollarse progresivamente, alineados con las nuevas exigencias del mercado automotriz.
De cara a la revisión del T-MEC, el desempeño de México dependerá de su capacidad para adaptarse a las nuevas reglas del juego, fortalecer su cadena de suministro y avanzar en la producción de componentes de mayor valor agregado, en un entorno global cada vez más competitivo.

